Hacía mucho que no venía por aquí. Debe ser este el lugar donde nadie quiere llegar. Debe estar por aquí el fondo de mí. Hoy me cita la soledad. Una soledad que solo encuentro cuando vuelvo a casa, a esa casa primera de la que nunca se acaba uno de ir. Que pena que venga a recogerla aquí. En este lugar que me vio crecer, que debería conocerme como nadie, es donde mas extraña me siento. Desde la piel que me cubre, ya no mía. Los ojos con los que miraba, no son estos mismos. He perdido el hambre, también la sed. Mío no me queda más que mi aliento y un costado sobre el que ser horizontal. Este cuerpo, tan pesado que debo posarlo en el suelo. Cuando miro a los demás, son todos lejanos. Están tan lejos como quedó mi propio ser. Alejado. Quizá protegido. Aquí uno viene desnudo, despojado de sí mismo, y sobrevive desde la melancolía, el cansancio, la apatía y la desesperanza. Será que guarda este lugar todo lo oscuro para liberarme y vivir liviana allá donde me dirija. Será esta soledad la mas dura conocida, encerrada aquí con mimo para protegerme de ella.

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