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– Durante minutos innecesarios elijo la ropa que no llevaré puesta cuando aparezca esa duda siempre incierta y convierta en propia la tormenta. – No seré yo quien veas, pues correré en dirección opuesta. Gastaré mis fuerzas en sacarte de la forma más tierna y entre tus temores se encuentre la certeza de pensarme siempre
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– Anoche te mandé un mensaje en una botella. Hoy ella navega, vacía de temor por tormentas y llena de sentimientos callados por vergüenza. Palabras suaves pasajeras. Memorias convertidas en arena. Sin rumbo fijo persigue cantos de sirena. Se acurruca con la marea. Confía en llegar algún día a tu tierra. – Y tú, ¿Me
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– Cuando quiera volverte a ver, a no luchar con el antes, perderle el miedo al después, calmar la sed con hambre, y cogerte de la mano aunque no estés. – Enséñame, a encontrar tu mirada en una pared, a buscar aire en Bucarest. Vivir en el desorden del no saber. Poder rodearme en tu
